Estimados colegas, quiero compartir una reflexión que creo puede ser ampliada en las diferentes unidades de nuestra querida universidad, ¿qué universidad queremos desarrollar?, ¿queremos ser una universidad más grande o más pequeña (alumnos, espacio, infraestructura, lugares)?, ¿una universidad intensiva en docencia o en investigación o en innovación?, ¿una universidad con diversidad en cuanto a su investigación o especializada en determinadas áreas?, ¿qué tipo de enfoque de gestión de gobierno corporativo deseamos corporativo/empresarial o representativo deliberante?, ¿dónde seguimos desarrollando la misión institucional (Valdivia, Pto Montt, etc.)?, ¿volcada hacia lo local o hacia lo internacional?, estas son algunas de muchas otras preguntas que podríamos plantearnos y que de alguna manera pueden orientar las acciones de nuestra Universidad a nivel general y a nivel particular en cada una de nuestra unidades en el corto y mediano plazo; sin embargo, deberíamos también pensar hacia dónde queremos ir como Universidad en el largo plazo.

A nivel internacional las universidades han mostrado grados crecientes de privatización; de comodificación o mercantilización (designar la producción docente como mercancía; en especial, la enseñanza regular de pregrado y su certificación); de procesos de comercialización (acto de poner en situación de mercado a cualquier otro producto, servicio o actividad académica que no sea la docencia regular de pregrado) que incluye actividades de posgrado, diplomados y capacitación en empresas, venta de productos y servicios de conocimiento resultado de la investigación, patentamiento y transferencia tecnológica); y en algunos países la financiarización a través de la creación de un mercado secundario para la securitización de préstamos estudiantiles que se enmarcaría en un proceso denominado como Capitalismo académico o modelo empresarial universitario (Brunner et al. 2021).

Empujado en las últimas cuatro décadas, por las filosofías del neoliberalismo y las prácticas de la nueva gestión pública que han reconfigurado las universidades mediante el discurso sobre la globalización, el gobierno corporativo y la eficiencia, y los intentos de controlar la fuerza de trabajo intelectual intimidado a los académicos mediante sistemas y procesos de gestión (Guthrie et al. 2021). El modelo empresarial universitario neoliberal/capitalismo académico se caracteriza por formas indirectas de controlar al personal, en donde la auditoría se ha convertido en una forma de autocontrol, en la que se han incrementado los esquemas de gestión del rendimiento, los sistemas de información y las métricas (para una amplia gama de tareas que van desde la investigación, la enseñanza, el compromiso y el trabajo intelectual), y la gestión y la aplicación de estos sistemas suponen una cantidad importante de costes universitarios (Guthrie et al. 2021).

Esta nueva forma de gestión requiere de un gobierno corporativo de “tipo empresarial”, en donde prima el criterio de eficiencia económica, definición de objetivos estratégicos basados en indicadores financieros (EVA, punto de equilibrio, EBITDA, KTNO, etc.), y redefinición de tareas y funciones en términos de productividad y coste. En este enfoque cobra relevancia la gestión de la reputación y el posicionamiento de mercado, y en donde las unidades y personal se valoran en términos de su contribución a las utilidades financieras y a la reputación.

En este contexto, la reputación se fundamenta principalmente en la excelencia académica, y se relaciona casi exclusivamente con la productividad científica de impacto y la captación de recursos externos; y por tanto, la valoración de las tareas realizadas por el personal universitario se valora casi exclusivamente en términos de su incidencia en la productividad académica.

Finalmente, en este esquema de gobierno corporativo, el directorio o junta directiva diseña directrices en función casi exclusivamente de una buena gestión financiera, y en donde los académicos y funcionarios, son vistos como recursos productivos, los alumnos como clientes que se les vende un bien de consumo, las unidades como fuentes de captación de recursos financieros, y las áreas del conocimiento subordinadas a la generación de innovación, patentamiento y servicios que se puedan comercializar. Y las unidades juega un rol secundario de coordinación y control, subordinados a las directrices generales del directorio o junta directiva, y los cuerpos colegiados, en vez de buscar la representatividad y deliberación; privilegiando el posicionamiento interno, y la captación de recursos internos para una mejor performance de su unidad, todo esto en una dinámica de jerarquía desde arriba hacia abajo.

Retomando las preguntas iniciales, es obvio que no son de fácil respuesta, pero el no reflexionar en ellas, y no tener una posición, simplemente nos deja en una deriva que simplemente nos llevará hacia la corriente imperante a nivel internacional, y la pregunta final es ¿queremos desarrollarnos de esa forma?

Saludos cordiales

Referencias
Brunner, J. J., Labraña, J., Rodríguez-Ponce, E., & Ganga, F. (2021). Varieties of academic capitalism: A conceptual framework of analysis. Education Policy Analysis Archives, 29 (January – July), 35. https://doi.org/10.14507/epaa.29.6245
Guthrie AM, J., Linnenluecke, M. K., Martin‐Sardesai, A., Shen, Y., & Smith, T. (2021). On the resilience of Australian public universities: why our institutions may fail unless vice‐chancellors rethink broken commercial business models. Accounting & Finance, (en prensa).

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